viernes, 11 de noviembre de 2016

La desnaturalización del hombre, su libertad inherente y la ilusión que lo atrapa.

La ilusión de libertad: Reflexiones sobre la naturaleza humana y el poder

Pensaba escribir sólo sobre uno de estos tópicos, el de la ilusión de libertad en la que nos encontramos sumergidos y asfixiados. Esta idea surgió en mí hace alrededor de ocho años, durante una discusión con un profesor de legislación. En ese momento, era un esbozo inmaduro, un germen que carecía de fundamentación. Hoy, siento que esta reflexión ha alcanzado la madurez suficiente como para desprenderla del árbol y entregarla en este texto.

Inicialmente, pensé en abordar un solo tema. Sin embargo, me di cuenta de que los tres tópicos que se entrelazan en mi reflexión están profundamente conectados. Por ello, para transmitir mi idea con claridad, necesito tratarlos en conjunto. Para facilitar la comprensión, optaré por un enfoque cronológico, asumiendo que cada concepto es consecuencia del anterior.

La desnaturalización del hombre

Es una convicción personal que el ser humano, en algún momento de su existencia, fue un ser plenamente natural, quizá en una época anterior a su bipedestación. Todavía persisten vestigios de esa brutalidad primigenia que caracteriza nuestra naturaleza. Sin embargo, quiero aclarar que "natural" no es sinónimo de "bueno". La bondad y la maldad son construcciones culturales, conceptos mucho más complejos que trascienden lo meramente biológico.

En el transcurso de milenios, hemos dejado de ser seres puramente naturales para convertirnos en entelequias culturales. Este proceso implicó un cambio radical: dejamos de simplemente existir para comenzar a interpretarnos y transformarnos, construyendo una realidad cultural que reconfiguró nuestra percepción del mundo. Al alejarnos de nuestra esencia natural, también modificamos nuestra relación con el entorno, racionalizándolo y encuadrándolo dentro de nuestras concepciones culturales.

El filósofo Clifford Geertz argumenta que la cultura es un sistema de significados compartidos que da forma a nuestras acciones y percepciones. Bajo esta óptica, el ser humano no solo actúa dentro de un marco cultural, sino que también se redefine constantemente en función de él. Prueba de ello son las construcciones de bien y mal, conceptos relativos que varían entre culturas y épocas.

La libertad inherente

La desnaturalización del ser humano le otorgó una cualidad distintiva: la libertad inherente. Al convertirse en un ser cultural, el hombre desarrolló la capacidad de decidir, de no someterse a las leyes inmutables de la naturaleza. A través del conocimiento y la tecnología, comenzó a gobernar su destino, ejerciendo su libertad al elegir y decidir en cada aspecto de su vida.

Jean-Paul Sartre, en su filosofía existencialista, sostenía que "el hombre está condenado a ser libre". Esta afirmación subraya que la libertad es una característica ineludible de nuestra existencia: incluso cuando elegimos no actuar, estamos ejerciendo nuestra libertad. Nadie puede arrebatarnos esta facultad intrínseca; solo podemos cederla voluntariamente.

Sin embargo, esta libertad también es un problema para quienes buscan ejercer el poder sobre otros. Los sectores dominantes han comprendido que no pueden arrebatar la libertad, pero sí pueden influir para que la cedamos, ya sea por respeto, confianza o mediante ilusiones cuidadosamente diseñadas.

La ilusión de la libertad

La forma más eficaz de sustraer la libertad es crear la ilusión de que somos libres. Esta estrategia se ha perfeccionado a lo largo de la historia. En tiempos antiguos, la esclavitud se imponía mediante la fuerza bruta. Pero incluso entonces, algunos esclavos comprendían que, a pesar de su situación, seguían siendo libres en su capacidad de elegir.

Con el tiempo, las religiones se convirtieron en herramientas para controlar la libertad. A través del dogma y la fe, se impusieron normas y conductas bajo la promesa de esperanza o el temor al castigo divino. Aunque las religiones ofrecieron consuelo y estructura a muchas sociedades, también se utilizaron para legitimar jerarquías y mantener el statu quo.

La llegada de la ciencia y la secularización debilitó el poder de las religiones, pero no eliminó el control. De hecho, la ciencia fue instrumentalizada para crear una nueva ilusión: la libertad aparente. En la modernidad, los medios masivos de comunicación y la globalización han moldeado nuestra percepción cultural, influyendo en nuestras elecciones y decisiones. ¿Podemos considerar libre una elección cuando todas las opciones han sido previamente configuradas por intereses externos?

El escritor Stephen King, bajo el pseudónimo de Richard Bachman, exploró esta idea en su novela El fugitivo. En ella, un gobierno totalitario obliga a cada hogar a mantener un televisor encendido como medio de control. Este ejemplo ficcional ilustra cómo la masificación de la información puede moldear colectivamente la realidad y perpetuar sistemas de dominación.

Conclusión

La ilusión de libertad es, a mi juicio, una de las herramientas más sofisticadas y peligrosas utilizadas por los sectores dominantes. Al moldear nuestra construcción cultural, pueden influir en nuestras elecciones sin que siquiera lo notemos. Este control sutil es más efectivo que cualquier cadena o dogma, porque nos hace creer que actuamos por voluntad propia.

Para contrarrestar esta ilusión, es fundamental cuestionar las narrativas predominantes, reflexionar sobre nuestras elecciones y buscar perspectivas alternativas. Solo así podremos recuperar nuestra libertad en su forma más pura: como la capacidad de decidir de manera consciente y autónoma.

Como decía Sartre, estamos condenados a ser libres. Pero esta condena también es nuestra mayor fortaleza, siempre y cuando tengamos la valentía de asumirla y defenderla.

Juan Martín Magallanes en el mundo de Mago

Su despertar fue extraño, al menos extraño para lo que se suponía debía ser. Volvía a casa leyendo un libro que tenía, a sus ojos, mucho de filosófico. Se titulaba “el héroe de las mil caras” y pretendía mostrar cómo todas las historias eran una en realidad. Sin embargo para él el autor de aquel libro había inspirado su pluma con las poderosas palabras de seres superiores y transmitía, sin saberlo quizás, un conocimiento sutil y sublime que pretendía guiar al lector medio despierto hacia un estado de elevación momentánea que permitiera su completo despertar.

Fue en la cumbre de aquel estadio cuando, mediante el hallazgo de una verdad absoluta, dejo de ser hombre para convertirse en mago.

En aquella verdad encontrada se centró su estudio y su magia, al comienzo no hubo más que esa certeza sobre por qué Dios había creado las cosas.

Muchos habían explicado el cómo, y algunos hasta mostraban respuestas lógicas dejando de lado cualquier fanatismo religioso, pero todos coincidían en que preguntarse ¿Por qué lo había hecho? Era perder el tiempo, decían que a la mente del hombre, imperfecta como era, le resultaba incapaz de comprender el motivo que había movido a aquella energía suprema y primigenia a crear tantas otras. Habiendo quienes incluso llegaron a afirmar que intentarlo era forma segura de abrazar la locura.

Juan Martín había leído mucho durante su adolescencia sobre estos y otros temas y, desde que halló aquella recomendación acerca de no intentar, siquiera, buscar el motivo de la creación, este se convirtió en su objetivo. Su mente revoloteaba la idea sin llegar a destino y finalmente terminaba por dejar de lado el problema para retomarlo más tarde y volver a fracasar.

Sin embargo y sin saber exactamente por qué, aquel día mientras leía y viajaba en tren la respuesta llegó a su mente como traída por una voz bendita, una voz familiar, tan familiar que podría haberla considerado un recuerdo. Comprendió entonces el motivo y conciente de él se dedicó a explotar la divinidad que su interior escondía. Lo más importante era aprender a controlar la esencia de la creación.

Aquella energía vitalizante que mora en todas y cada una de las cosas existentes, dadora de vida y muerte, capaz de construir y destruir con manifiesta facilidad era la base para dominar las leyes que regulaban la existencia y fue en ello en lo que concentró su mayor esfuerzo. Luego y siguiendo los pasos lógicos de aquel aprendizaje adquirió dominio sobre las leyes que regulan la vida en sus distintas formas y magnitudes. A medida que develaba aquellos secretos aprendió a conocer las fuerzas que poblaban el mundo, intensificando o apaciguándolas en menor o mayor medida acorde a su voluntad y a su capacidad. Así conoció la materia, algo tan común y sin embargo tan desconocido para muchos.

Profesionalmente Juan Martín se dedicó a algo que parecía distar mucho de aquella otra realidad que gobernaba su vida privada, era programador. Cuando le preguntaban decía que había seguido aquella carrera porque estimulaba su desarrollo creativo ya que se basaba en al resolución de problemas mediante un profundo análisis.

Conocedor del amor vivía en pareja con una mujer que, medio despierta, prefería sumirse en la ignorancia del sueño antes que en la problemática de la vigilia. Esto ocasionó varias discusiones que, aunque fuertes, fueron incapaces de disolver la pareja.

Con el tiempo la situación laboral y económica de ambos comenzó a mejorar y estabilizarse. Él logró formar su propia mediana empresa de la que obtenía una renta suficiente como para vivir con relativa comodidad y ella había logrado posicionarse en la jefatura de uno de los sectores del banco en el que trabajaba siendo la que más aportaba al presupuesto de la pareja. Aquello no constituía un problema para ellos como pasaba con otras parejas donde debía ser el hombre quién llevara el sustento, Juan Martin había sobrepasado ya esas nimiedades machistas.

Recibido de Licenciado en Sistemas había iniciado su carrera como programador trabajando mayormente en consultoras de tecnología e informática, creció y cambió al área de análisis y planificación de proyectos llegando incluso a liderar algunos relativamente medianos.

Ahora su emprendimiento comienza a posicionarse con cierta firmeza en el mercado captando proyectos más atractivos y rentables. Junto con sus dos socios, Norberto y Eduardo, llevan adelante y con un ritmo de crecimiento envidiable aquella compañía productora de software.

Victoria era una persona hermosa en todo sentido. Además de sentirse atraído por su cuerpo, Juan Martín, veía en ella un alma piadosa e incorrupta que debía proteger y cuidar incluso de él mismo. A él le resultaba incomprensible como una persona con aquel potencial tan grande no se esforzaba por abrir los ojos de una buena vez. Sin embargo, por más que insistía sobre este tema, sabía, en alguna parte de sus ser, que no debía presionar demasiado a la muchacha pues corría el riesgo de adormecerla aún más.

Como dije anteriormente Victoria se desempeñaba como jefa de la sección de prensa de un prestigioso banco. Recibida de periodista, la mujer había pasado por diferentes áreas hasta que por fin tuvo la posibilidad de ingresar donde siempre había querido estar. Además de llevar adelante aquel trabajo, Victoria escribía notas para distintos diarios y revistas en carácter “free lance” que Juan Martín le ayudaba a redactar en más de una oportunidad. Sus amistades desconocían el “mundo místico de Juan Martín” como ella llamaba a las “proezas” que le había visto realizar. Juan Martín era muy reservado en este aspecto.

En su interior se llevaba a cabo una especie de batalla entre dos fuerzas igual de poderosas. Una insistía en que aquellos prodigios debían ser comunicados a todas las personas para que, viendo de lo que era capaz el hombre, desarrollaran también dichas habilidades y aunando fuerzas llevaran a la humanidad al próximo escalón evolutivo. La segunda fuerza parecía más precavida, como si intentara protegerse, le daba a entender a Juan Martín que aquellas demostraciones sólo acarrearían miedo y violencia en las mentes dormidas y que podría incluso llegar a poner en peligro su vida y la de Victoria. En realidad poco le importaba su vida pues sabía que, conciente de la verdad, sólo representaría la ausencia de un cuerpo físico. Sin embargo, el hecho de que Victoria sufriese aunque sea sólo un poco era suficiente para detenerlo y condenarlo, por el momento, a padecer aquella guerra interna e interminable.

Por supuesto que todo lo que acabo de relatarles es lo que Juan Martín, sea o no ese su verdadero nombre, sabe o cree saber de su vida y existencia. El joven de rasgos mesopotámicos conoció la vida junto al pueblo caldeo antes incluso de la formación de babilonia y vivió bajo el yugo de reyes como Nabopolasar, Nabucodonosor e incluso el mismísimo Amel-Marduk. ¿Por qué no recuerda su pasado? ¿Lo recordará algún día? ¿Es realmente Victoria el alma pura y semidespierta que aparenta? ¿Son aquellas voces que libran guerra en su mente producto de semejante olvido?

Todas estas son preguntas no se han generado todavía en la ignorante mente conciente de nuestro mago. ¿Tendrán algún día una respuesta? ¿Conoceremos alguna vez las energías que obraron para que esto suceda? Sólo puedo decirles…

No lo sé.

viernes, 28 de octubre de 2016

La sombra



Había llegado la noche y luego de un día extenuante y tras haber cenado, disfrutado de una película y tomado un relajante baño decidí que era hora de ir a dormir. Mi familia estaba de viaje por lo que la casa se había convertido en una morada extraña, cubierta de melancolía e invadida por la soledad. Seguramente mis ánimos influyeron para los sucesos que acaecieron más tarde, casi con total seguridad podría afirmar que la obscura criatura llegó al patio trasero de mi hogar producto de la pestilente negatividad que me embargaba. Me encontraba durmiendo en la habitación donde habíamos dispuesto la computadora y una cama para las visitas, siempre que se iban dormía allí pues el dormitorio principal me resultaba ajeno con la ausencia de las inquietas y amables acompañantes que solían dormir conmigo.

Una sensación de alarma me despertó, quizás producto del inquieto sueño me había despertado el sonido de algún animal nocturno, pero lo que sentía dentro del pecho me decía que había algo más, algo de una naturaleza menos terrenal. Con cierto temor me puse de pié, abandoné la habitación y me dirigí a la cocina con el objetivo de verificar si la puerta que daba acceso al patio estaba cerrada. Decidí no encender las luces y avancé en silencio y desnudo. Al girar lo primero que percibí fue el brillo que manaba de la luz del refrigerador, había dejado la puerta medio abierta. Avancé para cerrarla sin que aquella sensación de alerta y peligro menguara en lo más mínimo. Fue entonces cuando la divisé, la silueta, pues no pude identificar nada más que eso, una silueta obscura y maligna, se desprendió del techo dispuesta a penetrar mi santuario. De alguna forma fui capaz de comprender que olisqueaba el aire en busca de una presa y quizás incluso en busca de una madriguera donde anidar. Es cierto que cuando la soledad me rodea puede pensarse que me debilito, pero es sólo la apariencia que el dolor y la desesperación cobran en mi persona. Tenía miedo, por supuesto que lo tenía, el terror me invadía en lo más hondo de mi ser. Una criatura inhumana se encontraba a escasos metros de mí con el propósito de profanar mi hogar y, lo supe entonces como si de una epifanía se tratase, dañarme, lo habían enviado, también lo supe en aquel instante de vacilación, alguien, un ser humano lo había enviado a atacarme. Todo sucedió muy rápido, el terror que se aferraba a mi pecho no desapareció, pero la resolución de que aquella cosa no profanase el hogar de mi familia me otorgó el ímpetu necesario para hacerle frente. Corrí hacia ella y entonces, antes de que atravesase la puerta, saltó con rotunda agilidad a la pared para luego alcanzar el techo. Hice lo propio y cuando alcancé las alturas bramé en busca de ayuda. La bestia era rápida y por alguna razón me temía, desde aquel lugar pude ver otros y comprendí que aquel ser ya no estaba allí. Entonces algo me arrastró a través de la techumbre y las paredes para depositarme nuevamente en mi cuerpo físico. Abrí por segunda vez los ojos, esta vez los del cuerpo y avancé sin dudarlo hacia la cocina en busca de algún rastro de mi atacante. No me sorprendió encontrar la puerta trasera cerrada con llave, ningún rastro de la criatura y el refrigerador medio abierto con su brillante luz manando del interior

lunes, 17 de octubre de 2016

martes, 27 de septiembre de 2016

IX

IX.  Noveno, esa es la única referencia que obtengo de mi propia persona cuando intento recordar quién soy.  Mi mente está poblada de vacío y negrura, una negrura perturbadora en la que se esconden mil y un demonios que me asaltan en horrendas pesadillas.  Intuyo que hay algo de verdad en ellas pues se han apoderado de mí incluso cuando el sol brillaba alto en su cenit.  Mi mente fracturada intenta recomponerse poco a poco.  Día a día descubro que soy más de lo que creo ser.  Conocimientos que no sabía tener de repente pueblan mis ideas.  Recuerdo lugares, nombres a los que no puedo asociar un rostro y rostros que carecen de nombre.  Los hay de hombres, mujeres, niños y niñas, algunos ataviados con excelsos ropajes, otros, más sucios pero más nobles, cubiertos con simples túnicas y manos callosas.  Estos últimos me resultan más simpáticos.
Lo primero que recuerdo es hallarme a la vera de un río torrentoso.  Mis ropas, o lo que quedaba de ellas estaba quemada, mojada y desprendía un hedor ponsoñoso.  Me despojé de ellas quedándome sólo con los pantalones y el cinto del que pendían dos espadas cortas desgastadas.  Me alimenté de bayas y pequeños animales que con mucho esfuerzo conseguía cazar.  Hice de una cueva en las montañas mi refugio y me hubiese quedado allí por el resto de mi vida si no fuera por esta inquietante sensación que me impulsa a saber quién soy.  Algo me decía que debía avanzar hacia el norte, en sueños un castillo en ruinas se me mostraba.  Había algo maligno atrapado allí, algo que me prometía desgracia y dolor, algo que se encargaria de hacerme sufrir, algo que debía ser desterrado por mi.
Fue así como empezó mi viaje, como comencé a escribir mi historia

lunes, 12 de septiembre de 2016

Pokemon Go!

Corría el año 2016 después de Cristo, una de las empresas más grandes en cuanto a videojuegos se refiere, Nintendo, lanza el esperado Pokémon Go!  Un juego que haciendo uso de la realidad aumentada mezclaba el universo virtual con el real, un juego que atrajo a miles, a millones alrededor de todo el mundo y que provocó una fiebre explosiva entre sus usuarios.  Por las calles la gente caminaba observando sus teléfonos celulares en busca de las criaturas virtuales, lugares emblemáticos se convirtieron en paradas o gimnasios donde la gente se reunía para buscar ítems o combatir.  Sin embargo como sucede con todas las fiebres, poco a poco comenzó a ceder, en poco tiempo se redujo un treinta por ciento la cantidad de usuarios que utilizaban la aplicación y con el correr de los días esta cifra aumentó de forma alarmante.  Se decía que la compañía tenía un haz bajo la manga, algunos apostaban porque finalmente lanzarían los combates entre entrenadores fuera de los gimnasios, que ahora para capturar a los Pokémon deberían combatir con los que ya tenías, que saldrían nuevas generaciones e incluso había quien aventuraba que habría Pokémons exclusivos de la aplicación.

Los reportes comenzaron a llegar luego de esta caída, por eso las autoridades y el público en general sospechó se trataba de una campaña publicitaria para reavivar el interés en el juego.  En Youtube y otras redes sociales comenzaron a aparecer fotos borrosas y videos de mala calidad que mostraban tímidos monstruitos que huían de azorados perseguidores que los filmaban a la carrera.  Fotos y videos trucados.  Un manotazo de ahogado de una compañía que cae a pique.  Campaña publicitaria y otras tantas que desacreditaban los hechos fueron las respuestas que más resonaron en las redes.

Los primeros muertos por ataque Pokémon se sucedieron en Octubre de 2016.  Un transatlántico de lujo fue atacado en mitad del océano atlántico por una pareja de Gyarados.  De los tres mil pasajeros sólo siete sobrevivieron.  Jaurías de Arcanine incineraron pueblos en la sabana africana y con sus casi dos metros de altura promedio se transformaron en terribles predadores para los animales comunes.  Onix y Steelix golpearon cerca de las cadenas montañosas de Europa, Asia y América y cientos de Rattatas inundaron los centros urbanos, los Arbok llegaron tras ellos y devoraron a pokemons y humanos por igual.  Las fuerzas armadas respondieron como pudieron, surgieron los grupos de tareas Pokémon que se hallaban siempre listos para intentar contener a estas criaturas.  La vida cambió de forma radical, el ser humano no estaba preparado para lo que llegó de repente al mundo.  Cientos de personas murieron producto de ataques eléctricos o venenosos, otros tantos fueron devorados por predadores mayores.  Hoy los supervivientes se cobijan en las ruinas de lo que fuese el mundo que supieron gobernar, bunkers gigantescos se construyen con el fin de otorgar refugio y cientos mueren cada día en manos de estos monstruos anteriormente tan amados.


Hay nuevos rumores, se dice que hay personas, seres humanos especiales capaces de domar a estas bestias, no son más que comentarios, secretos y susurros no comprobados que de ser ciertos alterarían el balance y darían la oportunidad al hombre de volver a reinar.  Tú eres uno de ellos, lo sabes pero no se lo has dicho a nadie, tienes miedo de lo que puedan hacer contigo, tienes miedo de lo que pueda pasar si los demás se enteran que eres un domador.

martes, 26 de julio de 2016

El helor de la muerte

Desconozco realmente el verdadero motivo de esta publicación.   Quizás está inspirada en un comentario que me hizo un amigo hace unos días, quizás se deba a otra cuestión pero lo cierto es que este texto no encierra una fantasía o un “delirio filosófico” sino que narra un suceso real que me ocurrió hace unos años.   Para que se entienda tengo que brindar algo de contexto.  Desde pequeño descubrí que tenia ciertas capacidades, dentro de ellas la de sanar es una de las fuertes.   En algún momento producto de mi propia “falta de fe”,  y lo pongo entre comillas porque no tiene que ver con la fe religiosa, me llevó a que estas capacidades se debilitaran.  Aunque en realidad eso no importa demasiado, lo que si importa es que estas capacidades volvieron, al comienzo de forma caprichosa pero luego, cuando entendí y acepté algunas cosas lo hicieron de forma más controlada.   Durante ese período mi abuelo enfermó de cancer de pulmón.   Cuándo se detectó ya no había nada que hacer, o al menos no lo había para la medicina.   ¿Podría yo haber hecho algo?   No lo sé, lo que si sé es que no quise siquiera intentarlo.   ¿Por qué una persona que afirma poder sanar no querría intentar al menos sanar a su abuelo?  Fue justamente ese el momento en que comprendí y acepté por qué a veces la sanación no funciona.   Había tenido un atizvo de esto cuando el sobrino de un compañero padeció una enfermedad similar.   En ese momento no lo entendí por completo porque las razones eran otras, el niño mejoraba luego de mis intervenciones, pero luego recaía.   Jamás conocí al chico en persona, pero si tuve otro tipo de “diálogos” con él y entendí en ellos que él no quería sanar.   Entonces no importaba mi voluntad de ayudarlo pues sólo alargaba una agonía innecesaria.   Dejé de intervenir
Mi abuelo por otro lado se aferraba a la vida, era untipo bueno, pero como todos tenía sus cosas, entre ellas estaba bastante aferrado al plano terrenal y se negaba a dejarlo.   Esto puede a veces confundirse con ganas de vivir, pero en su caso era miedo, no estaba en paz con él mismo y es justamente esta falta de paz lo que me brindo la comprensión.   Repito la pregunta anterior para volver a hilo.   ¿Por qué alguien que afirma poder sanar se negaría a intentar siquiera curar a su abuelo sobre todo cuando este fue un buen abuelo?   La respuesta que entendí es que no debía hacerlo porque aquella enfermedad era una oportunidad y fue la última, de estar en paz con su persona, con su propio ser, cosa que lamentablemente no hizo.
La enfermedad progresó y llegaron los dolores, ante eso decidí intervenir, no para sanar sino para aliviar.   Recordarán que dije que mi abuelo era, y quizás sifue siendo, una persona muy aferrada al plano espiritual, este es otro motivo por el que las sanciones deben ser “controladas”.   Como dije no pude permanecer inerte ante su dolor y decidí usar esta habilidad para aliviarlo.   Fue una de las peores experiencias qie atravesé, lo que vi y sentí lo mencione a personas cercanas a mi pero sin mucho deralle.   Otro amigo me había advertido de esto pero la verdad no lo escuché.   Al comienzo todo fue como siempre, me relajé, me concentré y comencé a aliviar, sentí el calor que siento siempre que hago esto pero ests vez ocurrió algo distinto, sentí una fuerza que sorbía con desesperación la fuerza vital que yo entregaba.   Un apetito voraz que buscaba asegurar su permanencia en el plano físico.  Comencé a sentirme mal, algo mareado, pero sobre todo comencé a sentir un helor indescriptible dentro del pecho que se expandía y se hacía cada vez más frío, no podía cortar el vínculo, ni podía desprenderme de aquello que ya no era completamente mi abuelo.   Finalmente usando mucho de mi voluntad logré separarme.   Mi abuelo me agradeció, me dijo que se sentía mucho mejor y se durmió.   Yo me asusté porque supe que aquello que había sentido, aquel frío que comenzaba a poblarme no era otra cosa que la succión de mi propia vida